Revista Estudios Socioterritoriales

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Last Updated: 02 May 2016 Hits: 658

Proyecto: "Calidad de vida y calidad ambiental en Argentina 2001-2010"

 

Director: Dr. Guillermo Ángel Velázquez

Codirector:

Integrantes:  Dr. Guillermo Ángel Velázquez, Dr. Juan Pablo Celemín, Dra. Claudia Mikkelsen, Dra. Adela Tisnés

 

Estado actual del conocimiento sobre el tema

El estudio de la calidad de vida puede ser abordado desde diferentes disciplinas, produciendo gran variedad de contenidos. El enfoque geográfico parte de una base espacial y territorial que le permite establecer diferencias con respecto a otras perspectivas involucradas en el estudio de la calidad de vida. La capacidad que posee para realizar análisis sobre la configuración espacial de diferentes variables le permite tener una aproximación mayoritariamente empírica. Una de las características por las que se destaca la disciplina geográfica es la elaboración de cartografía que permite llevar el análisis al territorio, recurriendo a diferentes escalas desde la nacional hasta otras más analíticas en las que se puede observar el espacio cotidiano en el que se desenvuelven las personas.
La calidad de vida, como otros conceptos similares, poseen múltiples definiciones y una de las principales dificultades reside en el hecho de que se incrementan en forma paralela a su uso, su complejidad. Cuando se trabaja con un concepto difuso es muy difícil esbozar una definición única porque no hay acuerdo sobre cuál debería ser. Suele aparecer en distintos tipos de discursos, tanto científicos como periodísticos o políticos y ha pasado a ser utilizada de forma casi masiva e ingenua, desconociendo la complejidad que lo caracteriza. La variedad de componentes que concentra, y la imposibilidad de atender a todos, conducen necesariamente a la selección de ciertos aspectos. Con su uso suelen aparecer algunas nociones similares por lo que es necesario diferenciarlas ya que por su naturaleza conceptual, teórica y metodológica resultan substancialmente diferentes (Velázquez, 2005).
Un primer paso para entender la calidad de vida es distinguirla de conceptos similares, tal es el caso de nivel de vida, bienestar o pobreza. En general, se puede afirmar que la calidad de vida comprende, en primer término, la base material en la cual se desarrolla la vida; en segundo lugar, el ambiente natural y construido en el cual se desenvuelve el ser humano; y en última instancia, a todas las relaciones que devienen de las actividades realizadas, tanto el trabajo como otro tipo de relaciones sociopolíticas y culturales. Consecuentemente se trata de un concepto de carácter evaluativo.

Otro elemento a tener en cuenta en el marco de la calidad de vida son sus aspectos subjetivos y objetivos. La calidad de vida subjetiva es lo bueno de la vida para cada individuo. Cada persona evalúa cómo ve las cosas y sus sentimientos. La calidad de vida existencial significa que la vida de uno es buena en un nivel más profundo. Se supone que el individuo tiene una naturaleza más intensa que merece ser respetada. Por su parte, la calidad de vida objetiva refiere a como la vida del individuo es evaluada por el mundo exterior y por tanto, esta está relacionada con la cultura en la que vive la población y suele estar basada en indicadores sociales. La calidad de vida objetiva se revela en la capacidad de una persona para adaptarse a los valores de una cultura y nos dice poco sobre la vida de esa persona.

Para tener una visión integral de la calidad de vida es necesario considerar diferentes indicadores. Así se pueden elaborar índices que responden a una finalidad particular: económicos, sociales, ambientales, entre otros. Por su parte, Escobar (2006) manifiesta que en la definición de indicadores existe confusión aun entre los expertos. Por ello, distingue entre indicadores simples e índices (indicadores sintéticos).

La evolución del concepto calidad de vida se observa al adoptar de manera más explicita indicadores que antes se encontraban relegados a las variables económicas. Es el caso de los indicadores ambientales que responden a una creciente demanda de la sociedad por un entorno más saludable. Berger, (1987), es uno de los primeros autores que adopta variables ambientales relacionadas con el confort de las personas en relación con su entorno (Humedad relativa, precipitaciones, cercanía a la costa, entre otras) para elaborar un índice de calidad de vida y que encuentra continuidad en trabajos más recientes como el de Albouy (2009). En este contexto también se puede mencionar el trabajo de Johnson y Rasker (1995) que desde una perspectiva económica relaciona los vínculos de la calidad de vida con la creación de empresas al afirmar que entre los valores no tradicionales (es decir los puramente económicos) que pueden incidir en su ubicación se encuentran el papel de un medio ambiente de calidad, la belleza escénica, la baja tasa de criminalidad, y oportunidades de recreación.
Las tasas de crecimiento económico positivo de las nuevas empresas en las regiones de alta calidad ambiental sugieren cierto nivel de actividad emprendedora sin trabas que puede ser alentada por los esfuerzos que mantienen los servicios ambientales y la calidad de vida local.
Las evaluaciones y mediciones realizadas para los indicadores subjetivos y objetivos de la calidad de vida transmiten información diferente y presentan distintos problemas en relación con la validación (que se detallaran más adelante). El conflicto es particularmente destacable ya que la valoración subjetiva de la calidad de vida puede verse condicionada sustancialmente por factores psicológicos individuales. Los patrones de respuesta en los estudios de la calidad de vida subjetiva varían con el estado civil, la educación, la edad, los ingresos, la etnia y la geografía de manera que los investigadores deben reconocer y actuar frente a esas potenciales limitaciones procurando que no afecten la calidad de su trabajo (Muldoon, et al., 1998).
La construcción de índices desde la Geografía intenta llevar al territorio el estudio de la calidad de vida de un modo empírico. Los resultados de dichos trabajos que respondan a patrones de calidad establecidos por indicadores e índices son excelentes fuentes de información que podrán ser utilizados para una serie de propósitos, incluyendo la evaluación de las necesidades de las personas y sus niveles de satisfacción, la estimación de los resultados de los programas y servicios humanos, la dirección y guía en la provisión de servicios y la formulación de políticas nacionales e internacionales dirigidas a mejorar las condiciones de vida de la población. En este proyecto consideraremos muy especialmente la diferenciación territorial a diferentes escalas (regional, departamental, rural e intraurbana).

 

Objetivo general:

Construir conocimiento respecto de la existencia de diferenciales socioterritoriales a nivel nacional estudiados desde la calidad de vida de la población. En tal sentido se propone diagnosticar, analizar y explicar la forma en que algunos de los cambios sociales, económicos y ambientales ocurridos en las décadas iniciales del siglo XXI han incidido en las condiciones de vida de los argentinos, detectando el grado de fragmentación y las brechas regionales existentes.

 

Objetivos específicos:

  • Analizar los procesos de diferenciación socio-territorial de las distintas dimensiones de la calidad de vida en la Argentina en diferentes escalas de análisis (nacional, provincial, departamental e intraurbano).
  • Indagar acerca de hechos y procesos en los que la distribución geográfica se convierte en un factor condicionante de la realidad social, que sirva de base para la planificación del territorio y la realización de nuevos estudios más pormenorizados.
  • Elaborar índices que sean complementarios y comparables con otros índices vinculados a la calidad de vida.
  • Complementar la cartografía digital y la base de datos que sirve de marco para el análisis de las realidades territoriales, con los aportes provenientes del censo nacional de población, hogares y viviendas 2010 y otras fuentes de datos actualizados.