Revista Estudios Socioterritoriales

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2016-2018 Proyecto Fernandez

Last Updated: 03 May 2016 Hits: 705

Proyecto: “Debates actuales sobre Naturaleza y Desarrollo. Análisis de casos a distintas escalas

Directora: Dra. Ana María Fernández Equiza

Integrantes: Dra Natasha Picone, Lic. Victoria de Estrada, Lic. Alvaro Alvarez, Lic. Virginia Toledo López, Lic.  Dafne Salomé Alomar Messineo.

 

Estado actual del conocimiento sobre el tema:

Las consecuencias ecológicas de los modelos de desarrollo productivistas (Lipietz, 1997) constituyen, no sólo una deuda de las naciones que han producido esa sobreexplotación de la capacidad de carga de los ecosistemas respecto del conjunto de los países, una injusticia ambiental (Ascelrad: 2014) sino una evidencia de la imposibilidad de universalizar esos parámetros de desarrollo.

El calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de ríos, suelos, aire y océanos, la desertificación y los procesos de empobrecimiento y exclusión nos muestran cuán equivocadas son las formas de medición del desarrollo por el mero crecimiento de producción de bienes y servicios. No sólo es cuestionable la inequitativa distribución de los mismos entre el sobreconsumo de minorías y el subconsumo de las mayorías, frecuentemente encubierta en la mayor parte de los índices basados en promedios. También son sumamente discutibles indicadores como automóviles por habitantes, consumo de determinados bienes o servicios por habitante, etc. Los parámetros de medición no sólo están “cargados de teoría” (Hanson, citado por García, 2006) sino también “cargados de la ideología del progreso” (Gudynas, 2003).

En el contexto de una profunda crisis sistémica, emergen fuertes cuestionamientos a los principales rasgos de los modelos actuales de desarrollo: la separación Hombre-Naturaleza; la confusión de medios y fines; la hegemonía de la ciencia moderna y la racionalidad instrumental; el aumento de la productividad como fin en sí mismo; la subordinación de la concepción de economía como organización de la casa a la concepción crematística de acumulación de riquezas; los criterios de valoración reducidos a lo económico; y los criterios de valor económico definidos por utilitarismo y escasez. En este sentido, el marco de una “sociedad de mercado” (Polanyi, 1977), cuanto más escaso un bien, más valioso. Esto da lugar a una lógica profundamente peligrosa
para los seres humanos y la Naturaleza en tanto, paradojalmente, los problemas ambientales al construir escasez construyen oportunidades de mercantilización.

Todas las actividades promovidas por la división internacional del trabajo actual, que conllevan usos de los territorios que afectan su capacidad de carga presente o futura, están contribuyendo con la creación de escasez. La misma, perversamente, creará condiciones que podrían redundar en mayores presiones para la mercantilización creciente de la naturaleza, lo cual implicaría aumentar los niveles de exclusión. Así, el capital concentrado y transnacionalizado que hoy se beneficia por el uso inadecuado de los ecosistemas, extrae no sólo lo comprado sino todo lo que forma parte de ecosistemas y está siendo apropiado de forma virtual como un verdadero proceso de cercamiento de bienes comunes. Si sigue avanzando la mercantilización, podrían sostener sus ganancias lucrando con la privatización y/o gerenciamiento de recursos tornados escasos. Un verdadero proceso de acumulación por desposesión (Harvey, 2004).

Explotar de forma insustentable la Naturaleza y luego lucrar con la escasez es funcional a la lógica capitalista pero no a la vida. Por eso, crecen los cuestionamientos a los modelos de desarrollo productivistas dominantes, rediscutiendo el propio concepto de desarrollo, las alternativas para un posdesarrollo, al cual aportan teóricamente perspectivas como la del decrecimiento (Leff, 2008; Taibo, 2009) y el Buen Vivir (Acosta y Ots, 2009; Zaffaroni, 2011)

En los últimos quince años América Latina construye caminos de salida del neoliberalismo con innegables rupturas pero también con muchas continuidades. Nunca antes como en estos años se avanzó en consensos políticos, en la creación de instituciones y en acciones concretas que consolidan un proceso de integración y mejoras evidentes en la situación económica y social de las grandes mayorías. Sin embargo, los gobiernos que se asumen como posneoliberales, siguen enfrentando la restricción externa (Diamand,1989) rasgo estructural que condiciona el desarrollo latinoamericano desde la primer ISI (industrialización por sustitución de importaciones), con un esquema de obtención de divisas apoyado en las inversiones extranjeras y las exportaciones basadas en el
extractivismo. Se consolida una inserción en la división internacional del trabajo marcada por la especialización primario-exportadora, con fuerte presencia de actores transnacionales (Santarcángelo, 2012. La hegemonía de la valorización financiera a escala planetaria (Sevares, 2015 a) posibilita y alienta manejos especulativos que impactan en los precios de los commodities, ya sostenidos por la creciente demanda principalmente de los emergentes como China. Además, permite a las transnacionales captar el capital para llevar adelante sus proyectos. América Latina dispone de recursos estratégicos (Bruckman, 2011, García Delgado, 2012), en tanto son imprescindibles para sostener procesos productivos de países centrales y emergentes y cuenta con las capacidades para construir nuevos modelos de desarrollo (Ferrer: 2015).

Sin embargo, la construcción jurídico-política de los marcos para la inversión extranjera y para sectores específicos de la economía, realizada por el neoliberalismo y sin cambios relevantes hasta el presente, deja en manos de las transnacionales los recursos y la extraordinaria rentabilidad de su explotación, mientras externaliza y socializa los pasivos. La dinámica que esta lógica imprime en los territorios, su contradicción con usos preexistentes, con las formas de vida, con otras formas de entender el desarrollo, genera crecientes e intensos conflictos. Está en discusión no sólo el reparto de costos y beneficios, directos e indirectos, sino la propia
conveniencia en términos de costo de oportunidad del uso de ecosistemas que podrían sustentar proyectos alternativos, y el derecho a realizar actividades basadas en el extractivismo que afectan los derechos de las generaciones futuras y de la Naturaleza.
La discusión sobre el desarrollo pone en consideración la cuestión del valor de la Naturaleza. Una parte importante de la población reconoce y expresa que su valor es inconmensurable. Por lo tanto no son universalmente aceptables los criterios de valoración reducidos a la utilidad y conmensurabilidad y es necesario construir nuevos paradigmas económicos, de desarrollo, científicos y culturales.(Fernández Equiza 2007).

Tomando de Milton Santos el concepto de espacio, como “un conjunto indisociable de sistemas de objetos y sistemas de acciones” (1997, p.18), se reconoce la historicidad de cualquier problema ambiental y de desarrollo, recordando que “toda situación es una construcción real que admite una construcción lógica cuyo entendimiento pasa por la historia de su producción” (Santos: 1997, p. 40).

Rolando García sostiene que los problemas en los cuales están involucrados el medio físico biológico, la producción, la tecnología, la organización social, la economía “se caracterizan por la confluencia de múltiples procesos cuyas interrelaciones constituyen una estructura de un sistema que funciona como una totalidad organizada a la cual llamamos sistema complejo” (García: 1994, p. 85).

Una dimensión explicativa de un sistema complejo, requiere considerar el conjunto de dinámicas (sociales, políticas, económicas, técnicas y físicas) que lo inter-definen y co-determinan. (García, 1994, 2000).

Con este marco general y considerando que el capitalismo centrado en la valorización financiera, la desregulación y la libre movilidad de capitales (Sevares, 2005, 2015a) determina la hegemonía del mercado en la configuración de los territorios, se reconocen dinámicas de inclusión/ exclusión y contradicciones en las formas de apropiación y uso de los ecosistemas, las cuales emergen y se visibilizan en los casos de estudio a distintas escalas.

 

 Hipótesis:

  • Existen en los actores sociales involucrados en los casos de estudio formas diferentes y contradictorias de entender la relación entre naturaleza y desarrollo.
  • En los actuales procesos de desarrollo en América Latina la restricción externa condiciona a los países a priorizar y jerarquizar las actividades que generan divisas. Las mismas están fuertemente transnacionalizadas, concentradas y orientadas a la explotación de recursos naturales, por lo cual la atracción de capitales lejos de favorecer el desarrollo, lo condicionan degradando la naturaleza.
  • El crecimiento de las ciudades y la construcción de infraestructura resultan de formas de (des)regulación, que generan problemas ambientales y conflictos que expresan visiones contradictorias sobre la relación entre naturaleza y desarrollo.

 

Objetivo general:

  • Profundizar el conocimiento de los debates actuales sobre naturaleza y desarrollo a partir del análisis de casos a distintas escalas y aportar nuevos elementos de interpretación.

 

Objetivos Específicos

  • Identificar y caracterizar las diferentes posiciones en los debates sobre naturaleza y desarrollo presentes en los actores sociales de los casos de estudio.
  • Profundizar a la comprensión de los debates sobre desarrollo como sistema complejo
  • Aportar conocimiento útil para la planificación democrática y el ordenamiento territorial y ambiental